Cuando se piensa en la finalización de un contrato de trabajo, lo más habitual es pensar en dos escenarios: o bien que la empresa despide al trabajador, o bien que es él quien decide marcharse voluntariamente. Sin embargo, existe una tercera posibilidad que muchas veces se desconoce y que puede ser muy importante en la práctica. Nos referimos a la extinción del contrato por voluntad del trabajador cuando la empresa ha incumplido gravemente sus obligaciones.
Esta figura, conocida popularmente como autodespido, permite al trabajador solicitar la extinción de su contrato sin perder los derechos que sí perdería en una baja voluntaria. Es decir, no se trata de irse del trabajo porque sí, sino de poner fin a la relación laboral porque la empresa ha generado una situación que la ley considera suficientemente grave como para justificar esa ruptura.
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